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Imagina

Dios, Jesús y su mensaje. Diferente de lo que pensabas.

Imagina un Dios que sea profundamente personal. Un Dios, que de verdad, te ama y quiere lo mejor para ti. Un Dios que desea conocerte de una manera íntima, como puede conocerte tu mejor amigo. Imagina que este Dios está realmente preocupado con los problemas que hay en el mundo como el hambre, la guerra, la pobreza o la injusticia social. No sólo eso, sino que también está preocupado por ti. Está preocupado de que seas libre. Libre para que seas la persona que interiormente, siempre has querido ser. Un Dios que quiere que seas libre para amar y para crecer como persona. Un Dios que hace todo para tu bien, que está contigo cada momento del día y que siempre está haciendo cosas en favor tuyo incluso cuando no te das cuenta. Imagina que él tiene un plan maravilloso para tu vida aquí y para cuando tu tiempo aquí en la vida se acabe. Mientras vives, imagina que su plan es que puedas vivir la vida al máximo con un propósito y un significado. Imagina que también tiene un plan para que pases la eternidad con él; no en una misa eternal en el cielo sino en un mundo nuevo totalmente restaurado dónde puedas conocer a Dios perfectamente y dónde no haya ningún problema como los que hay aquí en la tierra. Imagina que Dios ha estado escribiendo una historia que comenzó antes del comienzo de los tiempos y que te ha puesto a ti en esa historia. Imagina que este Dios te ama y te acepta más de lo que hubieras soñado. ¿Qué te parece la idea?

Ahora que tienes la idea en la mente, tienes también una idea mucho más clara de cómo es Dios realmente. Una idea mucho más clara de lo que la mayoría de la gente tiene. Una idea tambien mucho más clara de la idea que el mundo nos da de él, incluso por aquellos que se definen como creyentes. Esto es una descripción del Dios del verdadero cristianismo. Así es como es el Dios que te ama tanto que envió a su hijo Jesús para morir por ti. Dios, que murió para ofrecerte una vida increíble de paz y gozo.

"¡El que tenga sed, venga a mí; el que cree en mi, que beba! Como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva."
-Jesús


La Historia más grande jamás contada

Dios vio que todo lo que había hecho estaba muy bien
(génesis 1:31)
Todos nosotros [nos perdimos] como ovejas siguiendo cada cual [su propio camino], pero el Señor cargó sobre él la maldad de todos nosotros.
(isaías 53:6)

La historia comenzó hace mucho tiempo cuando Dios creó el universo. No lo hizo solo, lo creó en comunidad; en comunidad junto con la Trinidad. Una Trinidad de Dios en tres personas que se conocen perfectamente y difieren una de otra; que se aman uno a otro, y juntos tienen gozo, gloria y paz. Es el Dios que nos creó. Él hizo un mundo bueno y precioso lleno de seres con los que compartir esta alegría y paz. Un mundo para que los humanos sirvieran y amaran a Dios y del mismo modo, se sirvieran y amaran entre ellos mismos. Era realmente el paraíso.

Pero algo fue mal y la historia tuvo un giro terrible. La maldad entró en el mundo y la humanidad fue engañada. En vez de continuar andando juntamente con Dios, los humanos, nosotros, elegimos centrar nuestras vidas en la búsqueda de cualquier otra cosa que no fuera Dios y el prójimo. Fuimos por nuestro propio camino decidiendo no encontrar el verdadero propósito y significado en nuestras vidas con el que fuimos creados, en Dios. Fuimos por nuestro propio lado dejando de un lado a Dios, rechanzándole o eligiendo vivir con indiferencia a él. Esta actitud hizo que se rompiera este lazo tan especial que teníamos con él, y, así mismo, perdimos la paz. No solamente paz con Dios sino paz con nosotros mismos, entre nosotros y con la naturaleza misma. La guerra, el hambre, la pobreza, la injusticia, el racismo, la amargura, la falta de significado, la desesperación y la muerte son los síntomas.

Pero Dios prueba que nos ama en que, cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.
(romanos 5:8)
Pues por la bondad de Dios habéis recibido la salvación [por medio de la fe]. No es esto algo que vosotros mismos hayáis conseguido, sino que os lo ha dado Dios. No es el resultado de [las propias acciones], de modo que nadie puede jactarse de nada.
(efesios 2:8,9)

Desde ese punto comenzó el resto de la historia. La historia de Dios encomendándose a si mismo la misión de ganar otra vez nuestros corazones. Dios bajó a la tierra en forma de su hijo Jesús; vino a rescatarnos. Vino a restaurar el vínculo que habíamos roto con él, a restaurar la relación con nosotros. Dios pagó el mayor precio por ello. Dio su vida y murió en la cruz para rescatarnos de la vida que hemos vivido. Por su resurección él probó quien era y nos mostró un futuro, un futuro en el que Jesús está preparando un sitio para nosotros más allá de la muerte.

Ahora es el momento de la historia dónde intervenimos nosotros. Viene la gran pregunta: ¿cómo podemos, cada uno de nosotros, ser parte de hacer el mundo como debería de ser? Dios nos restaura cuando nos volvemos a él creyendo y viviendo en él por fe. Cuando creemos y ponemos nuestra confianza en la vida perfecta que vivió Jesús, en su muerte y resurección, su poder sanador viene a nosotros y comienza un trabajo en nuestra vida. Cristo nos da una identidad radicalmente diferente, liberándonos de nuestro egoísmo y nuestra autocondenación. Esto nos permite llegar a aceptar a gente que una vez habíamos excluído y hace posible que podamos romper la barrera de cosas (incluso cosas buenas) que nos tienen atrapados. Nos pone en una comunidad nueva de personas lo que nos permite saborear un anticipo de lo que será el mundo restaurado que Dios hará cuando Jesus vuelva.

Esto es lo que Dios, a través de Jesús, nos ofrece. Increíble. Es bastante diferente de lo que parece que implica ser cristiano, pero es totalmente cierto. No es una religión, no es un sistema en el que obedecemos, o no obedecemos, una lista de tareas por temor a Dios; o incluso, no es una lista que hacemos para obtener su beneplácito. Esto significa simplemente entrar en una relación de amor con Jesús, en la que eres amado y aceptado mucho más de lo que te hubieras podido imaginar. Es una relación que Dios te está ofreciendo ahora mismo. Está esperándote y solamente tú puedes hacer la decisión de creer y confiar en él.


"Mira, yo estoy llamando a la puerta: si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos."
-Jesús (apocalipsis 3:20)

¿Vas a abrir la puerta?

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