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Existencia de Dios

Cómo una atea encontró a Dios

Un relato personal de una atea que estaba convencida de que no existe ningún dios, y cuáles fueron los hechos que la llevaron a Dios.

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Por Marilyn Adamson

Mi pregunta parecía molestar a las personas religiosas. “¿Cómo puedes saber que Dios existe?”

Quizá se preguntaban por mis motivos, o quizá no tenían idea de cómo responder. La mayoría de sus respuestas eran: “Bueno, solo lo sabes”.

No estaba intentando ser difícil, pero ciertamente no “solo lo sabía”, y estaba esperando que alguien lo hiciera.

Después de muchos meses así, pensé, “aquí están las personas que dicen creer en Dios, ¡pero nadie sabe porqué!” Se hizo evidente que Dios era completamente inventado. Quizá algunas personas necesitaban creer en Dios, pero claramente no había ninguna prueba, ninguna evidencia objetiva. Llegué a la conclusión más severa… realmente Dios no existe.

Marilyn AdamsonMantuve esta creencia por años y ni siquiera esperaba que eso cambiara. Pero entonces, conocí a alguien que hizo que me interesara en la posibilidad de creer que Dios existe. Era una persona cariñosa, amable y muy inteligente. Me molestaba que alguien tan inteligente pudiera creer en Dios.

Ella hablaba de Dios como si fuera su mejor amigo y estaba convencida de que él la amaba profundamente. Conocía bien su vida, cualquier preocupación la llevaba a Dios, confiando en que él la resolvería o cuidaría de ella de alguna forma. Me decía, con toda franqueza, que solo oraba para que Dios se ocupara de sus preocupaciones. Durante más de un año vi, con frecuencia, lo que parecían ser las respuestas a sus oraciones. Observé su vida a través de miles de circunstancias, y su fe en Dios era inquebrantable.

Así que, por una parte, quería creer en Dios, porque admiraba su vida y su amor por otros. Pero no podía creer en algo en contra de mi intelecto y contra mi mejor juicio. Dios no existía. Era una idea agradable, pero era todo. Querer que algo sea verdad, no lo hace verdad.

Durante este tiempo estaba desarrollando y construyendo una filosofía personal.

Estaba intentando algo que no estoy segura que muchas personas hagan. Cada cierto tiempo, estudiaba la visión de la vida de un filósofo en particular… Nietzsche, Hume, Dostoievski, Sartre, Platón, etc., y luego trataba de aplicarla a mi propia vida. Estaba buscando la filosofía perfecta y viable para la vida. Descubrí una y otra vez que, o bien sus filosofías parecían carecer de sentido, o bien no eran muy prácticas para aplicarlas. Pero seguí buscando.

Desafiaba a mi amiga con cada pregunta que venía a mi mente acerca de Dios. Me encontraba a mí misma escribiendo preguntas a altas horas de la noche. Y esto duró más de un año. Un día, me entregó un libro1 que brevemente respondía preguntas sobre la existencia de Dios, sobre si Jesús es Dios y qué pasa con la biblia. Presentaba hechos, no comentarios como: “tienes que creer”.

Vi algunas pruebas a favor de Dios que eran tanto factuales como lógicas. Las partes particularmente convincentes para mí fueron las propiedades del agua y la posición de la tierra con respecto al sol. Era todo tan perfectamente diseñado, tan perfectamente organizado. Mi fe en la “nada detrás de todo” parecía más débil que la posibilidad de que Dios existiera.

Entonces me encontré con una situación que desafió por completo mi filosofía de vida en ese momento. En lo que había puesto mi fe resultó ser completamente insuficiente. Me impactó ver que no tenía un enfoque de vida completamente fiable. Sin embargo, la situación se resolvió por sí sola y seguí adelante. Tengo una personalidad bastante estable. A lo largo de mi vida nunca sentí que “necesitaba algo”. No tenía crisis continuas, ni grandes vacíos o luchas, y ciertamente no me sentía culpable de nada.

Pero el concepto de Dios era algo que no podía sacar de mi mente… ¿él estaba ahí? ¿realmente existe? Quizá existe un Dios …

Una noche volví a hablar con mi amiga, ella sabía que yo tenía toda la información que necesitaba, también sabía que me había quedado sin preguntas que hacer. Sin embargo, seguía intentando debatir, demostrar que mi ateísmo era racional. En un momento claro y abrupto, mi amiga se dirigió a mí y me dijo, “¿Sabes? No puedo tomar esta decisión por ti, y Dios no va a esperar para siempre”.

E inmediatamente supe que tenía razón. Estaba jugando con una decisión muy importante. Así que fui a casa decidida a tomar una decisión. Iba a creer en Dios o iba a terminar con el tema para siempre y no permitirme considerar nunca más la posibilidad de su existencia. Estaba cansada de lidiar con esta decisión, estaba cansada de pensar en ello.

Así que por las siguientes tres o cuatro horas, revisé todo lo que había leído y observado, y lo evalué todo.

Algunos de los hechos que me convencieron aparecen en este artículo, “¿Existe Dios?” La velocidad de procesamiento del cerebro y su capacidad para filtrar información; la capacidad del ojo humano de distinguir siete millones de colores y manejar 1.5 millones de mensajes de forma simultánea; los 3 billones de ADN químicos que hay en cada célula humana y que actúan como un programa informático; el comienzo del universo; y mucho más.

Se trata de hechos científicos que no podía descartar con palabras filosóficas. Tal precisión e interdependencias intrincadas hacían que pareciera ilógico decir que todo había surgido por casualidad. También, la evidencia histórica acerca de Jesús y la fiabilidad de la biblia apuntaban más a esta conclusión racional: Dios, un poder conocedor infinitamente mayor que nosotros, existe. Esto ya no se podía negar.

Entonces llegó otra decisión que necesitaba tomar. Sabía que tenía que actuar según esa conclusión.

Solo concluir intelectualmente que Dios existía era demasiado superficial. Sería como decidir que… los aviones existen. La fe en un avión no significa nada, sin embargo, si necesitas ir a cierto lugar y la forma de llegar es un avión, tienes que decidir actuar y subirte realmente al avión.

Tenía que tomar la decisión de hablar con Dios, tenía que pedirle que entrara en mi vida.

Después de unas horas de estar pensando, me dirigí a Dios y le dije, “de acuerdo, tú ganas. Te pido que entres a mi vida y hagas con ella lo que tú quieras” (Parecía razonable para mi, es decir, ya que Dios existe, tiene todo el derecho de influir y dirigir mi vida, si así lo quería).

A la mañana siguiente seguía teniendo muchas preguntas, pero ahora eran acerca de Dios. Sentía que apenas había dado el primer paso y ahora quería conocer a ese Dios en el que ahora creía. ¿Cómo ve Dios nuestras vidas? ¿Qué valora? ¿Qué quiere que sepa de él?

A medida que leía la biblia parecía que Dios estaba dictando quién es él y cómo veía esta relación con él. Era increíble. Lo que realmente me sorprendió es con qué frecuencia hablaba de su amor. No lo había esperado. En mi mente, estaba simplemente reconociendo la existencia de Dios, era una conclusión lógica de que Dios existe, no tenía expectativas de él. Pero conforme leía la biblia, él eligió comunicarme su amor. Eso fue una sorpresa.

Ahora bien, mi naturaleza básica y escéptica seguía ahí. Los primeros meses o el primero año, me preguntaba, “¿estoy creyendo realmente en Dios?” Y, “¿por qué lo hago?”. Repasaba metódicamente cinco razones objetivas por las que creía que Dios existía. “Bueno, por la distancia de la tierra al sol, por las propiedades del agua, por…” Así que mi “fe” en Dios no se basaba en sentimientos, sino en hechos, en razones.

Para mí, es como el cimiento de un edificio. Los hechos/razones sostienen mi fe. Es como alguien conduciendo a través del puente Golden Gate. Pueden sentir lo que quieran sobre el puente. Pero es la construcción/diseño/materiales del propio puente lo que permite a una persona llegar con seguridad de un extremo al otro.

De igual forma, la realidad objetiva de Dios, las razones lógicas, históricas y científicas para creer en su existencia son importantes para mí. Hay personas que no parecen necesitarlo, pero yo detesto que me engañen, y tengo poca consideración por las ilusiones. Las razones que fundamentan la existencia de Dios son importantes para mí.

Mi experiencia, parte 2 – Más pruebas de Dios

Ahora que tengo una relación con Dios desde hace varios años… ¿por qué creo en él? ¿qué razones tengo para seguir creyendo en Dios?

No estoy segura de que ninguna de estas razones te resulte creíble. Pero intentaré dejar de lado esa preocupación y ser sincera contigo. Anteriormente mis preguntas se referían a la existencia de Dios. Después de comenzar mi relación con él, vi evidencia adicional de que Dios es real. Tales como…

1. Cuando tengo preguntas, inquietudes o me gustaría tener entendimiento sobre un asunto, Dios me habla a través de la biblia.

Dios ofrece hacer esto por cualquiera que confíe en él. “Tu palabra es una lámpara a mis pies y luz a mi camino”2.

Lo que Dios me muestra en la biblia siempre se ajusta perfectamente a mi pregunta, y es una respuesta mejor y más satisfactoria de lo que esperaba. Aquí hay un ejemplo.

En una ocasión, mi agenda, las fechas de entrega y las obligaciones, me subían por el cuello y me apretaban. ¿Conoces esa sensación cuando estás tan abrumado que no sabes qué hacer primero?

Tomé una hoja de papel y un bolígrafo, y le dije a Dios: “solamente dime qué quieres que haga y lo haré”. Estaba totalmente preparada para asumir el 100% de la responsabilidad, y básicamente le pedía a Dios que solamente estableciera las prioridades, me dijera cómo enfocar todo, y yo lo haría.

Entonces abrí mi biblia e inmediatamente leí la parte en la que Jesús estaba hablando con un hombre que era ciego. Jesús le estaba preguntando, “¿qué quieres que yo haga por ti?”

Lo leí nuevamente. Jesús preguntó: “¿qué quieres que haga por ti?” Bastante sorprendida, tomé mi bolígrafo y comencé a escribir una lista totalmente diferente… dirigida a Dios. Esto, he descubierto, es característico de él. Dios nos recuerda que está ahí, que le importamos, que es capaz y que quiere que yo confíe en él.

Elijo este ejemplo porque es breve, pero podría citar cientos de ejemplos en los que he hecho una pregunta a Dios y él me ha respondido de forma perfecta y profunda. Probablemente es la característica de Dios que más aprecio y valoro: que está dispuesto a contestar mis preguntas.

Esto no es algo que aprendí de otros cristianos, es simplemente cómo funciona mi relación con Dios. Hago una pregunta, con la actitud de que realmente quiero darle libertad para que me diga lo que quiera: para corregir mi pensamiento, para señalar un área de mi vida que no está bien, para mostrarme dónde no estoy confiando en él, lo que sea. Y él siempre me habla con gracia.

2. De igual forma, cuando necesito dirección en una decisión, él me la da. Creo que a Dios le importan nuestras decisiones, creo que él tiene un plan para nuestras vidas, que le importa con quién me caso, qué tipo de trabajo tengo, y otras decisiones más pequeñas que esas. No creo que se interese por qué pasta dental compro, ni muchas otras decisiones superficiales. Pero las decisiones que afectarán mi vida o lo que él quiere hacer a través de mi vida... creo que le importa.

¿Cuándo me ha dado Dios dirección clara?

Una vez necesitaba decidir acerca de un viaje a Medio Oriente. Había un riesgo involucrado, y estaba dispuesta a ir solamente si Dios quería que fuera. Era importante para mí saber lo que él quería.

En dos ocasiones diferentes le pregunté a Dios acerca de un trabajo. En ambas ocasiones fue tan claro que cualquier observador hubiera llegado a la misma conclusión. Déjame mostrarte un pequeño ejemplo.

Durante mi último año en la universidad, había decidido aceptar un trabajo después de la graduación, el cual requeriría que me mudara de Chicago a California.

Eran las vacaciones de navidad y estaba visitando a mis padres. Una noche, estaba sola y pensando en una larga lista de amigos. Me estaba preguntando, “¿a quién podría convencer de que se mudara a California conmigo para compartir un apartamento?”

Una persona llamada Christy vino a mi mente. Ella ya se había graduado el año anterior y se había establecido en un trabajo en Iowa. Pensé que ella será la compañera perfecta, pero no había hablado con ella en muchos meses. 30 minutos después, Christy me llamó al celular.

Su primera frase fue: “escuché que vas a aceptar un trabajo en California”. Me quedé helada porque sólo se lo había dicho a una amiga, en Ohio.

La siguiente frase de Christy fue: “Muy bien, tengo las ollas y los platos”. Yo dije, “¡¿QUÉ?!” Se iba a mudar a la misma ciudad de California y me llamaba para ver si podíamos compartir apartamento.

De acuerdo, creo que entiendes lo que quiero decir.

Otras razones por las que aún creo en Dios …

3. Explicaciones acerca de la vida – por qué estamos aquí, cuál es el propósito, qué es importante en la vida, qué valorar o esforzarse– Dios tiene mejores respuestas que cualquier cosa que haya leído en cualquier lugar. He estudiado múltiples filosofías y religiones y otros enfoques de la vida. En la Biblia, viéndolo desde la perspectiva de Dios, todas las piezas del rompecabezas encajan.

Todavía hay muchas cosas que leeré en la biblia y la cerraré diciendo, “no lo entiendo”. Así que no pretendo sugerir que entiendo completamente todo lo que hay en la biblia. En cambio, digo que la vida solo tiene sentido desde la perspectiva de lo que Dios ha revelado. Es como leer el manual de instrucciones de la vida en la tierra, solamente que no nos limitamos a seguir dicho manual, porque el creador nos explica cómo funciona la vida y nos ofrece guiarnos personalmente a través de ella, a diario.

4. El amor de Dios es más profundo que la intimidad con cualquier ser humano. Digo esto casada, con dos hijos y con toneladas de amigos muy cercanos. Su amor es perfecto, él es increíblemente amable, él me toma justo en donde estoy y me guía. Él interviene con acciones que me dejan asombrada como observadora. Él no es una creencia o doctrina, yo lo veo actuar en mi vida.

5. Él ha hecho más con mi vida de lo que yo hubiera hecho por mi cuenta. Esto no es una declaración de inferioridad o de falta de autoconfianza. Estoy hablando en términos de logros que superan por mucho lo que yo tenía en mente. Él proporciona ideas, dirección, soluciones, sabiduría y mejores motivos de los que yo podría aspirar por mi cuenta.

Bueno, hay más, pero creo que eso te da suficiente. No estoy segura si es creíble para ti, pero he sido tan honesta como sé serlo.

Si te gustaría ver algunas de las pruebas que me llevaron de mi experiencia de ateísmo a creer en Dios, por favor lee estos dos artículos.
      ¿Dios existe?
      Más allá de una fe ciega

Y si te gustaría entender cómo una persona puede llegar a la fe en Dios, te invito a que te registres en una serie de 7 correos que escribí, “The Spiritual Adventure Pack”. Ahí explico pruebas, dudas, evidencia legítima a favor de la existencia de Dios y en contra de la existencia de Dios. Puedes cancelarlo cuando quieras y es gratis. Por favor, da click aquí para inscribirte.

Conclusión

Cuando pienso en el valor de conocer a Dios es éste: que podamos entender la vida, que podamos proceder con claridad, que podamos evitar los tropiezos, que podamos ser guiados por Dios, conocer la verdad, que se nos dé fuerza/esperanza/paz, y que disfrutemos de la relación más importante, la que nos será fiel y nos amará constantemente. Dios, que nos ha creado, nos proporciona esto como ninguna otra cosa podría hacerlo.

Para pasar por esta vida con éxito y confianza, debemos estar conectados a él, contando con él. Hasta que no lo conozcamos, siempre estaremos buscando, siempre estaremos probando otras posibilidades, y las encontraremos carentes. Pero cuando respondemos a la oferta de Dios de estar en relación con él, estamos satisfechos, completos. Ahora estamos equipados para vivir esta vida con un plan y con Alguien que puede guiarnos en él.

 TENGO UNA PREGUNTA…
 CÓMO EMPEZAR UNA RELACIÓN CON DIOS…

Notas al pie de página: (1) Paul E. Little, Know Why You Believe, IVP Books (2) Salmos 119:105


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